lunes, 8 de junio de 2015

¡¡¡ROMPO UNA LANZA POR EL CORRECTO NOMBRE DEL RÍO ESGUEVA!!!



Con el permiso de su autor (Mariano Diez) publicamos su artículo recogido en su muro de facebook

¡¡¡ROMPO UNA LANZA POR EL CORRECTO NOMBRE DEL RÍO ESGUEVA!!!

Harto ya de oír como “El Esgueva” es llamado “la esgueva” y harto ya de explicaciones y discusiones que a ninguna parte llevan, rompo una lanza por el RÍO que da nombre a mi querido Valle del Esgueva.

Los escritos que aquí he recortado demuestran que durante siglos, a nuestro río, se le llamó “El Esgueva” con mayúscula y que “la esgueva” con minúscula tiene otros significados.

Quizás los textos os lleve algún tiempo leerlos pero creo que para algunos de vosotros habrá merecido la pena.

APROVECHANDO QUE EL ESGUEVA...:GÓNGORA EN LA CORTE VALLISOLETANA (1603)1

El 10 de enero de 1601, Felipe III publica al fin, con gran disgusto de Madrid y plena satisfacción del duque de Lerma, su ambicioso valido, el decreto de traslado de la corte a Valladolid, ciudad en la que los monarcas entrarían el 9 de febrero y que dos años después iba a ser el escenario —y en cierto modo el motivo o la excusa— del (supuesto) primer enfrentamiento poético entre dos grandes poetas como eran Góngora y Quevedo.

Muchos de los versos de Góngora se centran en la burla hacia la ciudad que acababa de acoger la corte, y sobre todo su célebre letrilla, ataca con hilarante ingenio y sin piedad al río Esgueva que, repartido en ramales, la cruzaba por entonces de este a oeste

Año. (1603). La corte en Valladolid

«APROVECHANDO QUE EL ESGUEVA…»
Góngora, en el año 1603, escribe así: “Aprovechando que el Esgueva pasa por Valladolid”… (por tanto se deduce que este dicho es más antiguo que el del Pisuerga ya que este gran río, en aquellos años, no cruzaba la Ciudad). Góngora se las arregla para introducir en algún momento la conexión con esa corte que, ante la barahúnda de gentes que ha arrastrado consigo a Valladolid, ha hecho aún más repugnantes los efectos de emplear al pobre río como una cloaca de superficie. Pero el poema «estrella» contra el río Esgueva es, por supuesto, la muy conocida letrilla «¿Qué lleva el señor Esgueva?» de la cual pongo aquí unos versos.

¿Qué lleva el señor Esgueva?

Yo os diré lo que lleva.
Lleva, no patos reales
ni otro pájaro marino,
45 sino el noble palomino
nacido en nobles pañales;
colmenas lleva y panales,
que el río les da posada;
la colmena es vidrïada,
50 y el panal es cera nueva.
¿Qué lleva el señor Esgueva?
Yo os diré lo que lleva.


Góngora era muy sutil y no todos entendían que palominos, colmenas y panales eran las cacas de grandes y niños que terminaban en el río.

Todo esto y mucho más se escribía sobre EL ESGUEVA en el año 1603

Si pasamos del siglo XVII al XVIII y XIX vemos que los diferentes ramales del río causan tantos problemas que se piensa en su soterramiento.

Adjunto documentación:

De Pablo Gicosos (Arquitecto)

La relación de la ciudad de Valladolid con el río Esgueva era a finales del siglo XVIII, principios del XIX una relación ambivalente, con sentimientos encontrados: todavía se daba cierto equilibrio entre ventajas e inconvenientes. Desde luego el Esgueva estaba ya proscrito para beber, habida cuenta de su carácter de colector de aguas residuales. Pero sus aguas aún eran útiles. Además de esta función recolectora de la suciedad (que acabará determinando su destino), seguía usándose para lavar. Y como fuerza motriz para molinos y algunas fábricas o talleres. La limpieza del cauce y el mantenimiento de los puentes eran tareas que habían de acometerse periódicamente. Circunstancias que se agravaban cuando el río se desbordaba.

Este estado de cosas se alteró, sin embargo, a partir de 1840. Entre esa fecha y hasta 1864 la ciudad experimenta un periodo de importante desarrollo económico.. Se pone en servicio el Canal de Castilla, completa

En este contexto de cambio y voluntad de modernización no es de extrañar que el delicado equilibrio mantenido hasta entonces entre la ciudad y el Esgueva se rompiera. Renovadas exigencias de ornato y salubridad reclamaban un cambio. Y había dinero para hacerlo.

A finales de la década de 1840 la decisión estaba tomada. El Esgueva se había convertido en una cloaca, un colector de inmundicias que en verano, con caudal escaso, exhala continuamente “fetidez y perjudiciales miasmas”; se decide que un modo eficaz de paliar esta situación es cubrir su cauce, mantener las esguevas como colectores, pero cubiertos.

(AQUÍ SE VE LA DIFERENCIA DEL RÍO ESGUEVA (CON MAYÚSCULA) Y LOS RAMALES QUE SE HABÍAN CONVERTIDO EN ESGUEVAS,( CON MINÚSCULA), COMO COLECTORES DE BASURA Y PODREDUMBRE).

La favorable coyuntura económica favoreció una rápida ejecución de la obra. En menos de una década el brazo interior se cubre desde la calle Paraíso hasta pasado el Espolón nuevo, con tan solo unos metros sin encauzar en la calle Magaña (el llamado lavadero de Portugalete).

La obra básicamente consistía en levantar en el mismo lecho del río unos muros de mampostería de piedra del lugar sobre los que trabar una amplia bóveda de ladrillo. La bóveda se recubre posteriormente con tierra, constituyéndose así el firme de lo que pasaba a ser un espacio urbano (calle o plaza). La satisfacción por la empresa acometida fue tal que animó de forma inmediata a repetirla con el brazo sur, aunque las condiciones de este cauce, fueran otras (de hecho, en años sucesivos, las iniciativas de cerramiento de algunos de sus tramos coincidirán con otras, más sensatas, de mejora del cauce a cielo abierto).

En los años siguientes (década de los 70), con una lentitud exasperante tan solo se acometieron algunos cerramientos puntuales, de tramos de corta extensión. De hecho, la única intervención de envergadura planteada para este ramal fue la que se intentó, y con poco éxito, en el tramo entre Santiago y el Espolón viejo (el tramo entre el Rastro y el Arco de Santiago, o sea, la actual Calle Miguel Iscar se había finalizado de manera excepcional en 1877).

Para entonces la ciudad ha comprendido que son necesarios otros planteamientos. Su desencuentro con el Esgueva no se resolvía con la política de “soterramiento” ensayada hasta la fecha.

Ya hemos visto como nuestro río Esgueva es nombrado en masculino y con mayúscula en los albores del siglo XVII y durante los siglos XVIII y XIX.

Podría poner aquí, negro sobre blanco, un montón de pruebas fidedignas de cómo nuestro Río Esgueva es tratado así con su nombre propio y masculino, para diferenciarlo de las esguevas (con minúscula) que como veréis más adelante, son arroyos, acequias o canales recolectores de aguas putrefactas; pues así las define el diccionario Casares.

No conforme con esto podemos leer en un informe de la CHD (Confederación Hidrográfica del Duero) como se habla del río Esgueva en el año 2014 es decir anteayer.

El ESGUEVA ALCANZA PICOS MÁXIMOS Y EL PISUERGA ROZARÁ EL NIVEL DE ALARMA.

- miércoles, 12 de febrero de 2014

La CHD (Confederación Hidrográfica del Duero) está «muy vigilante» con el Esgueva tras haberse desbordado por la provincia mientras el Pisuerga «sigue creciendo» y podría alcanzar hoy mismo los 750 metros cúbicos por segundo

El Pisuerga a su paso por la capital rozará la próxima madrugada los niveles de alarma, aunque sería un episodio muy puntual dentro de la normalidad y simplemente por una acumulación de caudal que iría descendiendo a continuación, si bien existe la posibilidad de volver a crecer de cara al fin de semana pero dependerá de la intensidad de las borrascas que la Aemet prevé desde el oeste peninsular. El presidente de la Confederación Hidrográfica del Duero (CHD), José Valín, se mostró ayer así de contundente al valorar la situación de la Cuenca del Duero e incidió en apuntar que está controlada gracias a la labor del organismo soltando agua en distintos embalses de la región. Por lo pronto, la alerta generalizada continuará al menos hasta hoy dado que los cauces siguen creciendo, a partir de lo cual los responsables de la CHD concluyen que les preocupa más la situación del Esgueva que del Pisuerga, aún sin perder de vista éste último por el posible deshielo que se produzca en el norte de las cuencas como consecuencia de la llegada de temperaturas suaves y sol, que podrían favorecer este episodio.


QUÉ SON LAS ESGUEVAS
Historia / Transformación urbanística Este nombre de esgueva se viene usando en gran parte de la región castellana como sustantivo común y femenino, sinónimo de desagüe, y sobre todo de alcantarilla o cloaca (así define esgueva el Casares; en el DRAE no figura). Pero cuando el nombre se refiere al río Esgueva es sustantivo propio, masculino y se escribe con mayúscula.

En el siglo XI, San Lesmes convirtió a Burgos en una pequeña Venecia dotándole de numerosas esguevas con las aguas de los ríos Pico y Vena.

Pero ahí os transcribo la noticia tal como la encontré en legajos consultados.

LAS ESGUEVAS DE BURGOS:

Durante siglos parte de la estructura de la ciudad estuvo influenciada por numerosas esguevas o canales alimentados por las aguas de los ríos Pico y Vena • En épocas de crecidas inundaban todo a su paso

Las ciudades cambian casi a uso y semejanza de los hombres. Algunas de estas modificaciones son más evidentes, en tanto visibles, que otras, pero en cada recodo la ciudad se deja su piel, como un animal que muda porque ya no cabe en su propio espacio. Así ocurrió con Burgos y sus canales…o esguevas que serpenteaban por la ciudad y que han desaparecido para siempre.

Burgos, sin llegar a ser Venecia, también tuvo sus canales. Se atribuyen al genio y capacidad del patrono San Lesmes, quien en su tiempo, allá por el siglo XI, consideró necesario dotar a la ciudad de estas esguevas. La intención al parecer era de dotar de agua al espacio intramural, regar huertas, moviendo piedras de molino y como no, librar las casas y calles de los desperdicios que surgen a causa de la actividad diaria. No es exagerado afirmar que durante siglos una parte importante de la estructura de la ciudad estuvo fuertemente influenciada por las esguevas.

Estos canales eran alimentados por las aguas de los ríos Pico y Vena fundamentalmente, antes de fundirse con el Arlanzón. Es justo añadir que en épocas de crecidas, era muy difícil controlar el caudal que inundaban todo a su paso, socavando casas, puentes e incluso arrancando de cuajo algún sólido torreón de la muralla.

Es una imagen de la ciudad poco frecuente. Se podía caminar por toda la actual calle Laín Calvo, hasta la puerta de Santa Gadea, por la orilla de una de estas esguevas, llamada, según sus tramos, de Trascorrales. Esta corriente fluvial penetraba por el antiguo paseo de Vadillos, dotaba de agua corriente al convento de la Trinidad y entraba al recinto mural a la altura de San Gil, para dotar del indispensable líquido a las tenerías emplazadas entre la plaza Alonso Martínez y Avellanos. A partir de él, el caudal se dividía en dos canales, uno de ellos el llamado de Trascorrales, recorría el tramo de calle llamada ahora Laín Calvo, pasando por debajo del claustro nuevo de la Catedral y del desaparecido Palacio Arzobispal y salía nuevamente a la superficie a la altura de la calle Santa Águeda, movía las piedras de un molino ubicado cerca de la muralla y luego salir por debajo de la misma uniéndose al cauce del Arlanzón.

El otro ramal se llamaba de Cantarranas, y era aprovechado por las antiguas pescaderías y carnicerías, próximas a la Plaza del Mercado, bajaba por el molino de Osorio y desembocaba en las inmediaciones del puente de Santa María.

La conocida esgueva de la Moneda entraba por las inmediaciones de la puerta de San Juan y sus aguas discurrían por la calle del mismo nombre, torciendo levemente para mover parte de la compleja maquinaria de la ya desaparecida fábrica de la Moneda, en pleno corazón de la ciudad y donde hoy el nombre de la calle apenas nos impide perder la memoria.

La esgueva conocida como de la Algebina es poco conocida, pero su trazado venía por la cota de los desaparecidos cenobios de San Francisco y La Trinidad, continuaba por detrás de las casas del Huerto del Rey y al parecer bajaba cerca de la Catedral a unirse con la Trascorrales.

Luego, cuando la ciudad se expandió a la Vega, la esgueva de San Lucas era de amplio recorrido. Iniciaba su andadura escindiéndose del Arlanzón a la altura de la Quinta, regaba las huertas hasta la actual calle Miranda, dándole vida al molino propiedad de Ana Osorio, muy cerca del actual Museo Provincial, buscando la Plaza Vega para bordear las traseras de la iglesia de la Merced e incorporarse nuevamente al Arlanzón.

Evidentemente tantos canales en medio de una ciudad con un trazado urbano sinuoso y complejo, necesitaba de una red de puentes que permitiera el paso, acortando distancias. Baste decir que estuvieron habilitados durante una época casi cincuenta puentes, de diferentes tamaños y facturas, siendo los más costosos los de piedra que dieron servicio al inquieto paso y trasiego humano en una ciudad donde por entonces calles y canales o esguevas compartían espacios.

Desafortunadamente (o no) las esguevas fueron borradas del trazado urbano burgalés en la segunda mitad de la decimonónica centuria, como preparación y acondicionamiento de la ciudad para entrar en la modernidad, desde la cual se sigue proyectando hacia el futuro, sin olvidar el pasado, pues recordar es casi...como volver a vivir.

LA ESGUEVA DE BOECILLO (VA)

El Arroyo del Molino, más conocido como “La esgueva” está situado en el término de Boecillo.

Son muchos los textos, debidamente documentados, que podríamos poner aquí para demostrar la diferencia entre Esgueva y esgueva. De todos es sabido que los ramales del Esgueva a su paso por Valladolid, poco a poco se fueron convirtiendo en canales colectores de basura e inmundicia, recibiendo el nombre de las esguevas; nombre que ya hacía siglos se les había dado a las esguevas de Burgos.

Pronto el vulgo no supo distinguir entre Esgueva y esgueva, y así en nuestro querido Valle, se le llamó y se le sigue llamando vulgarmente “la esgueva”; sin darse cuenta, quien así le nombra, que feminizando y vulgarizando su nombre, está degradando a nuestro querido Esgueva hasta convertirlo en esgueva o cloaca.

ESGUEVILLAS Y EL ESGUEVA

De los viejos esguevanos, es conocido, como nuestra vega estuvo durante años anegada e improductiva, surcada por diversos arroyos o esguevas pequeñas que corriendo paralelas al Río servían para drenar, en lo posible, nuestras tierras y una de estas esguevas embalsada” La balsa” también servía para mover el gran molino harinero que tenía el Pueblo. Con el paso de los años y la concentración parcelaria muchas de estas esguevas pequeñas desaparecieron o fueron convertidas en arroyos colectores (que es lo que eran) de mayor capacidad. Quizás de estas esguevillas que acompañando al Esgueva saneaban nuestra vega, provenga el nombre de nuestra querida Villa (“Esguevillas de Esgueva”). Pero del nombre de nuestro Pueblo habría que hablar en otra ocasión.

Todos sabemos que desde hace años hemos llamado La esgueva a nuestro río Esgueva (yo mismo lo hice de niño); pero va siendo hora que distingamos entre río y arroyo, alcantarilla o cloaca. Ningún libro de geografía le ha cambiado el nombre. Y si nos atenemos a la lengua castellana, veremos que nuestro Valle es el Valle DEL Esgueva. (DEL es contracción de la preposición de y el artículo determinado y masculino el). Por tanto El Esgueva es masculino a pesar de que la costumbre y la incultura le vulgarice, feminice y degrade.

Debemos y estamos obligados a llamar a las cosas por su nombre, y a pesar de que el Gran Lope de Vega ya dijera en el siglo XVII: “SI EL VULGO ES NECIO, ES JUSTO HABLARLE EN NECIO PARA DARLE GUSTO". Nosotros no hablaremos necio para dar gusto al vulgo sino todo lo contrario, “rompamos todos juntos una lanza por el buen nombre de nuestro Río Esgueva.”

Mariano Díez

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